domingo, 14 de diciembre de 2014

El renacimiento de las potencias euroasiáticas



La supremacía global de los Estados Unidos y la Unión Europea se encuentra en su mayor encrucijada histórica ante el fracaso que han supuesto las agresiones en Ucrania, Siria y el Mar Meridional de China.


Estancado en su decadencia el mundo occidental despierta del espejismo vivido tras la caída de la Unión Soviética y observa como el Nuevo Orden Mundial preconizado por los pensadores neoconservadores se extravía entre las ruinas de una economía irreal y corrupta.


Occidente ha representado tradicionalmente los valores de la democracia capitalista, algo que en los últimos años ha quedado en entredicho y que no pasa de ser pura propaganda ideológica dado el comportamiento arbitrario y leonino de su élite dirigente. Cuyo liderazgo es ejercido desde la sombra de una manera errática y criminal configurando una verdadera cleptocracia.


La dictadura financiera internacional representada por el FMI y el Banco Mundial, heredera del Consenso de Washington y del pacto de Bretton Woods, y protegida por los cañones y misiles de la OTAN, se encuentra frente a su mayor amenaza histórica, el grupo BRICS.


Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica han establecido un bloque político y económico que actualmente representa una alternativa al unilateralismo practicado por EEUU y sus aliados de la Unión Europea, el G7 y la OTAN.


Las agresiones económicas y militares que las potencias occidentales han realizado en la última década tienen el objetivo esencial de minar la fuerza del BRICS en sus áreas de influencia, y quebrar a sus principales actores, Rusia y China. Sin embargo, el surgimiento del BRICS como eje de poder mundial no ha podido ser postergado a pesar de las intenciones occidentales de cercar a estas naciones para someterlas a sus dictados.


Es paradójico que los EEUU y la Unión Europea no hayan podido sacar mejor partido de la multiplicidad de crisis que han provocado sus agentes políticos y diplomáticos, o mercenarios, en Ucrania o en Siria, pese a tener un poderoso bloque de control de la información que domina gran parte de la opinión pública mundial.


Lo cierto es que dichos conflictos han derivado en un mayor acercamiento entre las dos potencias euroasiáticas en auge. La firma de inéditos acuerdos de cooperación estratégica en las áreas de economía y defensa confirman esta tendencia.


La concreción de esta alianza estratégica coincide con la decadencia del poder estadounidense y europeo, cuyas aventureras y delictivas acciones han desembocado en la pérdida de influencia política, económica y militar en importantes regiones del mundo. Un liderazgo internacional que ya había sido puesto en duda por la práctica de una doctrina intervencionista basada en falsedades como ocurrió en las invasiones de Irak, Libia o la desintegración de Yugoslavia.


Esta doctrina sirvió de sustento al feroz asalto por parte de EEUU y la Unión Europea contra Ucrania, el que se saldó con la rápida perdida de su joya más apetecida, la península de Crimea que volvió al seno de Rusia de manera incruenta.


Ante la inconsistencia de sus acciones políticas y militares, la dirigencia occidental apuesta por unas sanciones económicas que han perjudicado a todos los actores involucrados, han socavado la recuperación de la Unión Europea, en especial de los PIIGS y Europa Oriental, y han debilitado al sistema de pago internacional del dólar.


En respuesta a las sanciones, Rusia impuso un embargo agroalimentario a la Unión Europea, Estados Unidos, Australia, Canadá, Nueva Zelanda y Noruega. Esta medida provocará 6.700 millones de euros en pérdidas anuales para la Unión Europea, según un informe de la consultora holandesa ING Groep, citado por RBC Daily. En el mismo se agrega que el embargo pone en riesgo unos 130.000 empleos relacionados con las exportaciones de alimentos de la Unión Europea a Rusia.


Una situación que agrava la Gran Recesión que golpea las economías de Europa y Estados Unidos, la enorme deuda estadounidense y la fragilidad monetaria del euro y el dólar, que ha obligado a muchas naciones a buscar otras divisas para respaldar sus reservas monetarias, o a regresar al patrón oro.


La crisis económica que sacude a las economías del autodenominado "primer mundo" desde 2008 incitó el recrudecimiento de las intervenciones que desde finales del siglo 20 había realizado la OTAN en un gran número de naciones soberanas, confirmando al resto del mundo su hostilidad contra aquellos países que no se sometan a sus decisiones unilaterales, encaminadas a restaurar su poderío económico.


La quiebra de grandes bancos y corporaciones trasnacionales con sede en EEUU y Europa se enmendó a costa de grandes sacrificios sociales, mientras la gestión de la crisis fue vista con desconfianza por amplios sectores. La desindustrialización de las potencias capitalistas, con EEUU a la cabeza, y su apuesta por el capitalismo financiero resquebrajaron aún más su autoridad mundial, muy a pesar de su férreo control del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional


En paralelo a estos acontecimientos surgió el BRICS, bloque que ha sido el encargado de apuntalar a la economía mundial en medio de la crisis financiera y la falta de credibilidad de la banca internacional manejada desde Occidente


Con el liderazgo de las renacientes potencias euroasiáticas, Rusia y China, el BRICS le está haciendo un oportuno y necesario contrapeso geopolítico al bloque EEUU – UE – OTAN con el objetivo, entre otros, de contener sus agresiones militares y económicas. Para ello está estudiando la introducción de su propia divisa y el establecimiento de una estructura financiera internacional alternativa al FMI y al Banco Mundial, con la fundación del Fondo de Reservas de Divisas y del Banco de Desarrollo del BRICS, al tiempo que desarrolla un acuerdo de defensa militar que incluiría también a Irán.


La expectativa que representa para el mundo esta nueva arquitectura político financiera internacional es percibida por el eje EEUU – UE- OTAN como un poderoso desafío a su hegemonía y es hoy el principal detonante de toda conflictividad internacional actualmente en marcha.


Alrededor del conflicto BRICS – OTAN gravita la geopolítica mundial en estos tiempos


Las perspectivas de crecimiento del BRICS, su influencia en los asuntos internacionales, y las alianzas que establece con otros importantes bloques como la UNASUR y el MERCOSUR han inducido al liderazgo estadounidense a acelerar las acciones tendientes a contener a Rusia y China, sin medir sus consecuencias.



Las atrocidades consumadas en Ucrania por el régimen neofascista – oligárquico de Poroshenko y Yatseniuk, con la complicidad y el silencio de organismos internacionales como la ONU, buscan por todos los medios el involucramiento de Rusia en un conflicto directo, como forma de neutralizar su renacimiento como potencia geopolítica. El advenimiento de la Unión Euroasiática constituye un factor de suma preocupación para EEUU y la UE.


Se movilizan fuerzas y elementos militares de la OTAN a las fronteras rusas en los países bálticos y Europa Oriental. Se dota a las Fuerzas Armadas Ucranianas y se lanza una campaña de satanización de Rusia en todos los medios de comunicación. Si esta nación comete la "equivocación" de defender al pueblo de origen ruso en Ucrania será acusada de agresión para justificar un asalto inconcebible por parte de la OTAN.


Una estrategia similar ocurre alrededor de China. Con la excusa de "defender la libertad de navegación por el Mar de China Meridional" EEUU intenta confinar en sus aguas ribereñas a la Armada del Ejército Popular de Liberación para que tenga pocas posibilidades de proyectarse más allá de su mar jurisdiccional. El apoyo militar de EEUU a los Estados que rodean el Mar de China Meridional y el Mar de China Oriental ejerce presión sobre el gigante asiático y promueve las tensiones en la zona.


Taiwán, Filipinas, Malasia, Brunéi, Indonesia, Singapur, Tailandia, Camboya, Corea del Sur, Japón y Vietnam en mayor o menor medida participan en esta guerra sucia de baja intensidad.


Los patrones de Wall Street y la City no ocultan su hostilidad hacia China y Rusia, a las que necesitan subyugar para mantener su rapaz libertinaje financiero. El Sistema Global de Defensa Antimisil y el Ataque Global Inmediato (Prompt Global Strike) son herramientas que se orientan a ese propósito.


El caos del mercado petrolero, las sanciones a diestra y siniestra, y el terror facineroso del Estado Islámico tienen causas y objetivos comunes. Socavar la soberanía y dignidad de aquellos pueblos y naciones que se opongan a la voluntad y a las ambiciones de los poderes fácticos que manejan los hilos del poder en el mundo occidental.


A pesar de ello, el renacimiento de las potencias euroasiáticas sigue ocurriendo. La alguna vez poderosa China del siglo 17 y la Rusia soviética, derrotadas antaño hoy resurgen en un mundo que anhela la equidad, la justicia, la paz y la solidaridad internacional.